Por el otro lado ponerme a pensar en todas mis virtudes es aún peor.
Existe gente que se siente feliz de ir por la vida mostrando en lo que son buenos o en lo que no, llamenlos ególatras, cínicos, seguros de sí mismos, presuntuosos cómo ustedes quieran. Pero de que tienen un poder mayor del que los demás no gozamos; lo tienen. Sin embargo no todo está perdido, ya que los que no tenemos ese grado de buenaventura presumible, parece que contamos de modestia, una extensa lista de modestia que; si nos sacudiéramos la ropa caerían pedacitos de ésta.
No me malentiendan tampoco es que me moleste. Sólo que a decir verdad en cuanto te pones a hurgar en tu mente y comienzas a hacer un ejercicio de auto-evaluación terminas maldiciéndote a ti mismo por haber comenzado en principio a pensar en aquello en lo que no querías.
Es duro ver todo lo que no tienes. Pero es mas duro ver lo que tienes y que no lo aplicas como se debe.
¿Cómo se debe?... Y en esta pregunta es donde todos los pensamientos se detienen de golpe, donde la respiración te absorbe la energía, donde comienzas a hiperventilar hasta que todo tu cuerpo y tu mente se mantienen conectados por una sola cuestión. El sentirse vivos.
Debería ser igual de fácil contar lo bueno como te cuentas lo malo. Lo malo es que las personas comienzan viendo siempre lo malo, obligándote a tratar de esconder tus defectos; tanto hasta que finges ser alguien más. Y todas tus virtudes se vuelven polvo. Así de simple o así de complicado. Como quieras.
Pero de repente recuerdas todo el montón de pendientes que tienes por delante y sigues que el reloj siga caminando. Como siempre lo hace.