martes, 5 de abril de 2011

No me quiero decir mentirosa.

¿Hasta que punto vale la pena el esfuerzo? Cuando lo que construyes se está desbaratando por las casualidades o por las decisiones. La segunda es la parte íntima y particular que podría definir el color del alcohol que tienen mis uñas.
En qué punto debo decidir, alejarme y sentirme vacía, conformarme con lo que tengo.
¿Cuántas heridas tengo?
¿Cuántas me faltan?
¿Cuántas ya son cicatriz?
El remordimiento se carga hasta el momento en el que nos atrevemos a vernos frente al espejo.
No hay razones, no hay motivos, no hay nada.
¿Dónde putas quedó la luz?
El maldito regalo que bendijo nuestras desventuras imposibles y nuestros sueños cómodos los cuales quedaron como simples trozos de inocencia compartida.
Yo quedo en la fotografía de tu armario donde me desvelo sobre el regazo de la luna en madrugada.
Cambio zapatos por el don de vivir.
¿Porqué no intentas saborear la perdida de un amante. Seamos la voluntad del viento y la necesidad de la ceguera.
La princesa se encerró en la torre
en el lindo intento de fugarse con el tiempo
y de recostarse bajo las escaleras
la bella del cuento quiso ser dulce
envolver sus colores y derretirse como el chocolate
con el reflejo de la lámpara
pero entonces
despertó del sueño.

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